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La crisis de refugiados Rohingya es 'una pesadilla de derechos humanos', comunicó Antonio Guterres al Consejo de Seguridad

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29 Septiembre - En medio de la grave crisis humanitaria en la que se encuentra la comunidad Rohingya en Birmania, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha demandado una ‘actuación rápida’ al Consejo de Seguridad. Guterres  ha exhortado también a las autoridades birmanas que inmediatamente pongan fin a las acciones militares, garanticen un acceso total a las ONGs y que permitan el retorno voluntario y seguro de los Rohingya a sus casas

La comunidad Rohingya es una minoría musulmana apátrida del estado de Rakáin en Birmania. Esta minoría ha sido tradicionalmente discriminada por las autoridades del país, restringiendo sus derechos a estudiar, trabajar o practicar su religión y negándoles la ciudadanía en 1982 bajo la Ley de Ciudadanía.

El último éxodo de refugiados Rohingya comenzó el pasado 25 de agosto, cuando los ataques perpetrados por el Ejército de Salvación Rohingya de Arakan contra fuerzas de seguridad birmanas en el norte de la región fueron respondidos con una fuerte represión y violencia sistemática por parte de las autoridades. Se calcula que más de 500.000 civiles, de los cuales 94% pertenecen a la comunidad Rohingya, han abandonado sus hogares en el estado de Rakáin para buscar refugio en el país vecino, Bangladesh.

En sus comentarios en el debate del Consejo de Seguridad, Antonio Guterres ha calificado la situación como ‘la crisis de refugiados que más se acentúa en el mundo’ y como una ‘pesadilla humanitaria y de derechos humanos’. La crisis humanitaria había sido previamente calificada por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein, como ‘un ejemplo de manual de una limpieza étnica’.

Las autoridades birmanas sostienen que las operaciones de seguridad cesaron el 5 de septiembre; sin embargo, los desplazamientos parecen haber continuado y ciertos informes también hablan de la quema de pueblos Rohingya así como saqueos y actos de intimidación llevados a cabo por la comunidad Rakáin, que cohabita con los Rohingya en el estado de Rakáin.

Guterres ha expresado su preocupación sobre la posibilidad de que de esta violencia sistemática  a la región central de estado de Rakáin, si no se aborda rápida y eficazmente, podría extenderse a otras partes. Esto agravaría aún más el desastre humanitario al que se enfrenta la región ya que en ella viven en unos 250.000 Rohingyas.

Guterres también expresó su inquietud de que la crisis humanitaria sirva como caldo de cultivo para la radicalización ya existente en el país, el cual ha sido calificado recientemente por el Alto Comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi, como un ‘terreno muy fértil para el terrorismo’.

Respecto a la necesidad de garantizar un retorno de forma segura y voluntaria, el Gobierno birmano se ha comprometido a usar el marco establecido en 1993 por la Declaración Conjunta de los Ministerios de Asuntos Exteriores de Bangladesh y Birmania para facilitar los retornos. El Secretario General ha calificado este esfuerzo como ‘un punto de partida útil’ pero que no es suficiente en estas circunstancias y que,además, no resuelve la causa fundamental del desplazamiento, el estado apátrida del pueblo Rohingya y su constante discriminación.

‘Se debe garantizar la nacionalidad a la comunidad musulmana del estado de Rakáin. La actual legislación sobre ciudadanía de Birmania solo lo permite parcialmente. Alentamos a Birmania a que revise esta situación en línea con los standards internacionales’ concluyó Guterres.