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Décimo aniversario de los atentados del 11-M en Madrid

1m11 de marzo, 2014 — Con motivo del décimo aniversario de los atentados que tuvieron lugar en Madrid el 11 de marzo de 2004, queremos recordar a todas las vítimas compartiendo este artículo de Rodrigo Sosa.

 

Cristina Mora Palomo, embarazada de siete meses, sobrevivió a las explosiones que reventaron el vagón del tren en el que viajaba, durante los atentados del 11-M de 2004 en Madrid. Su hija Arantxa, un símbolo de la fuerza de la vida tras la barbarie, cumplirá 10 años.

Arantxa acaba de salir del cole. Es una niña vivaz, animada, alegre. Le gustan la plástica y la música, y le encantan los animales. “De grande quiero ser veterinaria”, dice, decidida. Es verdaderamente reconfortante ver su vitalidad y su entusiasmo, como el de todos los niños de su edad. Pero Arantxa es alguien especial. Ella es un poderoso símbolo que nos recuerda la fuerza vital que puede resistir a la peor barbarie. El 24 de mayo cumplirá 10 años, tras sobrevivir junto con su madre, entonces embarazada de siete meses, a los brutales atentados del 11 de marzo de 2004. El 11-M en Madrid, el segundo peor ataque terrorista sufrido en Europa, dejó tras de sí 191 fallecidos y más 1.800 heridos.

Aquella mañana, en la estación de El Pozo en el sur de Madrid, Cristina Mora Palomo, con su enorme y redonda barriga de avanzado estado de gestación, superó todos los obstáculos imaginables, guiada por el poderoso instinto de proteger a su niña. Subió al tren en la estación de El Pozo, en el sur de Madrid, y en seguida se produjo una primera explosión. “Me di la vuelta para taparme la barriga y entonces sentí la segunda explosión… fue muy cerca y sentí como se vino hacia mí”, relata. El estallido se produjo dentro de un vagón de dos pisos y la parte de arriba se derrumbó. “En ese momento, sólo pensé en la niña… No sé cómo lo hice, pero me quité las cosas que me habían caído encima y salí del vagón”.

“Aún hoy me sigo acordando, casi todos los días, de lo que pasó ese día”, dice. “Me costó mucho poder volver a subirme a un tren, especialmente a uno de dos pisos”, explica. Un día, con una amiga, tenían que ir a un trabajo y no tenían más remedio que tomarse el tren. “Entonces vino uno de dos pisos y yo le pedí a mi amiga que esperáramos al siguiente”. Pero el segundo también fue uno de dos pisos y también lo dejaron pasar. “Entonces vino el tercero, y no me lo podía creer, pero era de dos pisos”. Ya estaban llegando tarde al trabajo, así que no tuvo más opción que subirse. “Me agarré con todas mis fuerzas de la baranda durante todo el trayecto, por suerte eran sólo tres paradas”, dice. “Al final fue todo un reto, pero lo conseguí”, afirma, aliviada.

Doble cumpleaños

Durante varios años, cuando llegaba el 11-M, solían tomarse el día para hacer un plan especial, para celebrar esta segunda oportunidad de la vida. “Este año también celebraremos, haremos una tarta, con 10 velas”, dice Cristina. “Me suelen llamar para felicitarnos, es como otro cumpleaños, para las dos”.

Desde que se lo contaron a Arantxa hace unos tres años, el 11-M ya es una historia normalizada en la familia. “Ella empezó a preguntarme ‘¿mamá qué paso?’… Ahora se lo cuenta a sus amigas, lee los reportajes que se publicaron”, dice y añade: “pero ella y sus amigos lo viven con más naturalidad, no les afecta tanto”.

No se ve en Arantxa la más mínima secuela de aquel 11 de marzo. En un principio, su madre temió que pudiera tener algún problema auditivo a causa del fuerte estruendo de la explosión, que sí destrozó el oído derecho de Cristina. “Casi no puedo oír con ese oído. Un día Arantxa me dijo tras una clase en el cole ‘mamá a ti te faltan todos esos huesitos que van ahí adentro”. Afortunadamente, la niña puede oír perfectamente.

Conservar la memoria

En estos momentos de aniversarios de años redondos, se pone de manifiesto con mayor énfasis la importancia de trabajar por conservar la memoria histórica de acontecimientos muy relevantes que marcan a una sociedad. “Me sorprende que el 11-M se ha olvidado muy rápidamente”, sostiene Cristina. “Ahora sí, con los cinco años, con los diez… pero debería recordarse todos los años, es algo que sigue siendo muy importante para mucha gente que ha sido víctima, para los familiares de los que han fallecido”, afirma.

En casa de Cristina y en la de sus padres sí que se mantiene vivo el recuerdo. En una vitrina, primorosamente plastificado, está uno de los reportajes que se publicaron tras el 11-M, con la fotografía en primer plano de una madre sonriente junto a su hija recién nacida. “Esta página plastificada la tenemos todos los miembros de mi familia, mi hermano la tiene en la taquilla de su trabajo, incluso estaba en el trabajo de mi padre, a la vista de todos”.

Formas de recordar un hecho excepcional para esta familia que lo vivió muy de cerca, pero también un importante grano de arena para mantener la memoria de uno de los acontecimientos más dramáticos y trascendentes de la historia reciente de España.

RODRIGO SOSA

Proyecto 7 Billion Others de UNRIC en asociación con la fundación Good Planet.

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